Serie de la Familia

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UANDO Se Piensa

en el Aborto

Library Assoc. Mennonite Biblical Seminaries 3003 Benham Elkhart, Indiana 46517

UANDO Se Piensa

en el Aborto

Daniel S. Schipani

Editorial Mundo Hispano

EDITORIAL MUNDO HISPANO Apartado 4256, El Paso, Tx. 79914 EE. UU. de A.

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O Copyright 1990. Editorial Mundo Hispano Prohibida su reproducción parcial o total. Todos los derechos reservados. Primera edición: 1990 Clasificación decimal Dewey: 179.76 Temas: 1. Aborto Aspectos morales y religiosos ISBN: 0-311-46267-7 E. M. H. Art. No. 46267 4 M 9 90 4826-15

Printed in U. S. A.

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Indice

Introducción: ¿Por qué el tema del aborto?

1. ¿Cuándo se considera la posibilidad del aborto?

2. ¿Cuándo comienza la vida de un ser humano?

3. ¿Qué pistas bíblicas debemos considerar?

4, ¿Quiénes deciden sobre la opción del aborto?

5. ¿En qué consisten las opciones disponibles?

6. ¿Debe despenalizarze y legalizarse el aborto?

7. ¿Cómo orientar... cómo ayudar? Conclusión

Apéndice: Carta abierta testimonial a parejas cristianas

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Introducción: ¿Por qué el tema del aborto?

El aborto es un tema que, por lo general, no tratamos en forma franca y comprensiva. La razón es simplemente que tenemos frente a nosotros un asunto difícil y candente que con frecuencia se rehuye, pero que debe considerarse. El aborto representa un problema muy serio a nivel mundial y específicamente en el pueblo hispano, aunque nadie puede determinar exactamente cuántas vidas están afectadas anualmente por las decisiones que conducen al aborto. Comencemos mientras tanto con una clarificación de conceptos

La palabra “aborto” proviene del latín y significa literalmente “no nacido”. El término se refiere a la criatura que no logra nacer viva debido a que, por alguna razón, muere en el útero de su madre. Es decir, que el proceso de gestación no llega a feliz término con el nacimiento de un nuevo ser huma- no. Esa muerte prematura puede deberse a algún trastorno o enfermedad del propio ser en gestación o de su propia madre, o de algún accidente tal como una caída o el impacto de un golpe fatal. Aquí se trata del llamado aborto espontáneo o aborto natu- ral, ya que nadie ha intentado interrumpir o des- truir esa vida en proceso de desarrollo.

El tema de este libro es el aborto provocado o inducido. Es el caso de todas las situaciones en que

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se ha tomado la decisión consciente de acabar con la vida del ser que se está gestando en el vientre de su madre. Hay varias razones por las cuales se decide provocar el aborto y ellas definen a su vez diversos tipos de aborto como los siguientes (que ilustraremos en el primer capítulo): el aborto tera- péutico se realiza con la intención de salvar la vida de la madre o de mejorar su estado de salud física o emocional; el aborto eugenésico es el que se provoca para evitar que nazca un niño con serios defectos físicos o mentales; el aborto por motivos éticos, a veces también llamado honoris causa, se permite en ciertos casos para salvar el honor u ocultar la deshonra de una mujer violada, por ejemplo (y por lo tanto puede ser un caso de aborto terapéutico); el aborto social o con indicación demográfica, corres- ponde al que se realiza por razones socioeconómi- cas, por ejemplo para evitar que una familia que ya tiene varios hijos se haga más grande y difícil de sostener, o para evitar que muchos nuevos naci- mientos hagan aumentar una tasa alta de creci- miento poblacional.

No hay duda de que el problema del aborto incluye una variedad de facetas. Hablar del aborto es referirse a un problema legal, médico, social, económico, moral y espiritual. En cierta forma todos estamos afectados. El tema es causa de mucha discusión y aun de posiciones muy polariza- das a favor y en contra del aborto en o de permitirlo y legalizarlo. Por ejemplo, en muchos países se estudia bajo qué circunstancias la prácti- ca del aborto debe despenalizarse. Lo cierto es que en el mundo hispano hay una amplia práctica del aborto ilegal o criminal, es decir, realizado en forma clandestina y en condiciones de mucho riesgo para la vida y la salud de las mujeres involucradas. De modo que un argumento común a favor de legalizar el aborto y de hacerlo accesible es la preocupación

Introducción Y

de que se provean condiciones minímas de seguri- dad y protección, especialmente para las personas de escasos recursos que tienden a ser víctimas de un sistema social injusto.

Nuevos desafíos

Además de las consideraciones a que aludimos arriba, tenemos que tener en cuenta que en los últimos años han ocurrido varios desarrollos y descubrimientos que muestran otras caras del pro- blema del aborto o arrojan nueva luz sobre él. Aquí podríamos citar los cuatro siguientes: 1. Cambios en el concepto de cuándo el feto es “viable”, es decir, capaz de vivir por mismo fuera del útero; 2. Nuevos conocimientos sobre la vida intrauterina en sí; 3. Experimentación con tejido fetal, y 4. La introducción de las “pildoras del aborto”.

1. La creencia común todavía es que los niños en gestación son “viables” sólo durante los dos o a lo sumo tres meses finales del embarazo. Sin embar- go, ciertos avances notables en la investigación y las técnicas médicas siguen empujando hacia atrás la frontera de la viabilidad del feto. ¡Se han registra- do numerosos casos de feliz sobrevivencia de bebés nacidos hasta dieciséis semanas prematuramente! Esto es muy importante toda vez que la viabilidad del feto ha sido un criterio clave para determinar si una criatura en gestación tiene o no el derecho de vivir. En otras palabras, el argumento típico a favor del aborto ha sido que el feto que no puede sobrevivir fuera del seno materno no merece la misma protección legal de su vida que la sociedad otorga normalmente a cualquier persona. Puede ser que las nuevas observaciones afecten ese argumen- to y tal vez las disposiciones legales que permiten el aborto inducido o provocado.

2. Hace unos pocos años, el doctor Bernard

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Nathanson, quien una vez dirigió la clínica de abortos más grande de los Estados Unidos, se “convirtió” a la posición antiaborto después de ver películas especiales sobre el proceso del aborto desde el punto de vista del feto. El mismo luego produjo un documental titulado “El grito silencio- so” donde muestra la destrucción de la vida del feto en conmovedoras imágenes. Parece que cuánto más sabemos sobre la vida intrauterina, más se confirma la idea de que se trata de una vida humana en proceso de desarrollo. Además, debe- mos notar que otros adelantos de la medicina moderna hoy día hacen posible asistir al feto para prevenir y aun curar ciertas condiciones malignas. A todo esto le debemos sumar los grandes avances recientes en el tratamiento de enfermedades del corazón, los pulmones y los riñones, por ejemplo, que antes se consideraban de serio riesgo para la vida de la mujer embarazada. De modo que han disminuido notablemente muchos justificativos tanto para los abortos eugenésicos como para los terapéuticos.

3. Otra área cuyo desarrollo tiene mucho que ver con el problema del aborto es la experimentación con tejido fetal en las investigaciones médicas más recientes. Se trata del uso de tejidos de órganos de fetos abortados, con el fin de atacar ciertas enfer- medades. Por ejemplo, en México se ha experimen- tado con el transplante de tejido fetal en el cerebro de pacientes afectados con la enfermedad de Par- kinson. También se cree que el tejido de fetos abortados puede ayudar a combatir la diabetes y la leucemia, entre otras graves dolencias. La justifica- ción de tal uso y tal opinión es que el tejido fetal crece muy rápido y además parece causar menos rechazo que el tejido humano adulto. Lo cierto es que se ha desatado una controversia en torno a estos experimentos debido a tres razones: hasta

Introducción 9

ahora se han utilizado mayormente fetos prove- nientes de abortos provocados a voluntad; los inves- tigadores tienden a usar tejido “fresco” por ser más efectivo, es decir tejido extraído del feto antes de que éste muera; podría coercionarse a las mujeres para que aborten más tardíamente (ya que el tejido fetal es más aprovechable en el caso de fetos más desarrollados) aumentándose así los riesgos propios de los abortos tardíos.

4. La “píldora del aborto” es otro descubrimiento de interés para nosotros. Se trata de una droga que el médico debe prescribir (generalmente combina- da con una segunda droga) y que provoca el aborto en la mujer que ha estado embarazada unas siete semanas o menos. Está destinada a facilitar el aborto temprano y a evitar así los métodos clínicos tradicionales, especialmente las intervenciones qui- rúrgicas (con sus complicaciones posibles, por ejemplo, por el uso de la anestesia, el riesgo de perforación del útero u otros órganos, y la esterili- dad eventual). El uso de estas drogas puede aca- rrear sus propios riesgos, como ser una hemorragia difícil de controlar, además de transferir el acto del aborto en a la mujer misma quien debe entonces disponer de la criatura en gestación que ha aborta- do.

Obviamente, todo esto complica el panorama del aborto aún más. Como en los otros libros de esta serie de Editorial Mundo Hispano para la familia, procuramos responder al desafío que el tema nos presenta con la mayor seriedad y honestidad. Desde nuestra perspectiva, el propósito es presentar las principales dimensiones del problema del aborto de forma que se ilumine la evaluación de la situación y se encuentren principios orientadores para cuando se piensa en el aborto. Es con tal intención que invitamos al lector a acompañarnos en el diálogo a través de las páginas que siguen.

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1. ¿Cuándo se considera la posibilidad del aborto?

En este capítulo exploraremos las causas princi- pales que conducen a pensar en el aborto, ya sea como un mal necesario o como una opción acepta- ble dentro de ciertas circunstancias. Comenzare- mos entonces con una breve mención de seis casos de la vida real. Estos casos nos serviran para ilustrar la posibilidad de identificar varias clases de aborto inducido o provocado, según nuestra definición en la introducción. También nos serán útiles para considerar diversas dimensiones de la compleja problemática del aborto, dimensiones que toman una configuración específica en cada situación particular.

Invitamos a los amigos lectores a involucrarse personalmente en la consideración de cada uno de los seis casos, para lo cual se recomienda tener en cuenta los tres pasos siguientes: Primero, observen detenidamente las situaciones presentadas y esta- blezcan todos los factores que están en juego según los datos disponibles; determinen también qué datos adicionales deberían tener para lograr una mejor comprensión de cada caso. Segundo, procu- ren identificarse en lo posible con todos los protago- nistas y, tanto desde esa perspectiva como desde su

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propio punto de vista, traten de comprender y analizar cada situación (así es como pasamos de la observación y descripción, en el primer paso, a la explicación, en el segundo). Tercero, contesten las preguntas que aparecen al final de cada caso presentado, las cuales nos invitan a pasar al plano de la aplicación y la acción; en otras palabras, una vez que hemos observado bien, hemos comprendi- do y analizado la situación, la pregunta que se impone es, ¿y ahora qué se puede hacer? Segura- mente esta lectura y reflexión será aún más prove- chosa en diálogo con otras personas dentro y fuera de su familia.

Primer caso

Maribel, una niña de doce años, ha quedado embarazada como resultado de una relación inces- tuosa con su padrastro. Debido a la inmadurez fisiológica de la muchacha, el embarazo se conside- ra de alto riesgo desde el punto de vista médico. Además, Maribel está psicológicamente confusa. Se le había advertido sobre el peligro de relacionarse con hombres extraños, pero no estaba preparada para enfrentarse a la seducción por parte de un miembro de su propia familia. El padrastro afirma que las relaciones sexuales con la niña fueron solamente una expresión de su cariño por ella, aunque Maribel sintió como que se trataba de una invasión de su privacidad y de una expresión de fuerza. Es preciso tomar pronto una decisión que contemple no solo el destino del ser en gestación, sino también la integridad física, emocional y espiritual de Maribel y su desarrollo potencial como mujer; se

Si usted tuviese que participar directamente en esa decisión a tomarse, ¿qué consideraciones toma- ría en cuenta, y, por qué?

¿Cuándo se considera la posibilidad del aborto? 13

Segundo caso

Gladys es una atractiva joven soltera de dieciocho años que lleva dos meses de embarazo. Ella ha expresado que no desea casarse con el padre de la criatura porque no está segura de que lo ama y sabe que él se casaría con ella sólo por cumplir con un deber de tipo social y moral. La vida familiar de Gladys nunca ha sido de mucho apoyo emocional. Sus padres se divorciaron cuando ella tenía ocho años; además, cuando la madre estuvo muy enfer- ma, Gladys y sus dos hermanas pasaron un tiempo viviendo con otros familiares. De hecho, Gladys nunca se ha sentido plenamente aceptada por otras personas, incluyendo a los varones; las relaciones sexuales sólo le han suplido cierto sentido de aceptación. Sin embargo, desde que se enteró que estaba embarazada, Gladys ha sufrido una depre- sión continua. Su mamá y algunas de sus amista- des le han sugerido que considere el aborto, pero ella no sabe bien qué debe hacer...

¿Cuál cree usted que sería la mejor opción para Gladys? ¿Cómo justificaría tal opinión?

Tercer caso

Otra joven soltera de dieciocho, María Rosa, acaba de descubrir que está embarazada, pero su situación es diferente de la de Gladys. María Rosa proviene de una familia “bien constituida”, es una buena estudiante y se mantiene activa en la iglesia local. En su iglesia hasta ahora nunca se ha hablado francamente sobre los adolecentes y la sexualidad. La “educación sexual” de esta joven ha consistido en una película sobre la menstruación cuando tenía trece años (que a los varones no les permitieron ver) y una clase de biología donde se explicó brevemente lo que ocurre cuando un esper- matozoide se encuentra con un óvulo, pero sin

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explorarse siquiera cómo ocurre ni cómo impedir que ocurra. En vez de atender a las preguntas de María Rosa, su madre le ha dicho que la orientaría sobre el sexo una vez que se casara. Su padre le ha estado diciendo jocosamente que debe cuidarse de los hombres. María Rosa se siente mal. No quiere el bebé porque sabe que no está preparada para ser madre; por otro lado, dar la criatura para adopción implica completar los nueve meses de embarazo, la vergúenza de que todos se enteren de su problema y, al fin de cuentas, enfrentar el dolor de abandonar a su hijo o hija. En cuanto al aborto, siempre ha oído que no es una opción correcta, pero ahora no está segura...

¿Cómo ayudaría usted a María Rosa (y, quizá a sus padres) a clarificar su situación actual y a decidir sobre el mejor curso de acción bajo las circunstancias?

Cuarto caso

Con quince semanas de embarazo, Susana se enfrentó a su médico con mucha ansiedad y él le confirmó lo que ella tanto temía. (Estaba conscien- te de que a su edad —cuarenta y cuatro años— las posibilidades de engendrar un bebé mongoloide eran altas —estadísticamente, el doble de casos para las mujeres de más de cuarenta años que para las de menos de veinticinco). La muestra de líquido amniótico examinado en el laboratorio indicaba la existencia de un cromosoma adicional. Susana y su esposo Joaquín, ya habían decidido no tener más hijos; la mayor estaba comenzando la universidad y los dos más pequeños estaban en la escuela secun- daria. Han pensado en la posibilidad de un aborto y Joaquín es de la idea de que la decisión debe tomarla Susana, él apoyará cualquier decisión .....

¿Cómo aconsejaría usted a esta señora? ¿Involu-

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craría al esposo de ella en el proceso de orientación y toma de decisión?

Quinto paso

La misma semana en que Lidia se enteró de que su esposo sufría una grave condición cardíaca por lo cual no podría trabajar por un año por lo menos, se confirmó que estaba embarazada. Dos de sus seis hijos están en edad preescolar, además, gracias a que Lidia ha estado trabajando afuera, ella y su esposo han podido cumplir con sus obligaciones financieras (que incluyen el pago mensual de las cuotas de la hipoteca de la casa que compraron el año pasado). Lidia había estado tomando la píldora anticonceptiva pero tuvo que dejarla a causa de ciertos efectos secundarios; después había estado usando el método anticonceptivo del diafragma. Todavía no le ha contado a su esposo lo del embarazo porque él ya se muestra deprimido debi- do al pronóstico de su enfermedad cardíaca. Lidia tampoco se siente en libertad de discutir la opción del aborto con su médico. En el caso de Lidia, aunque la idea del aborto en no le resulta atractiva, no tiene escrúpulos religiosos contra el mismo...

Si ella acudiese a usted en busca de apoyo y consejo, ¿cómo respondería ante la situación parti- cular de Lidia?

Sexto caso

Carlos y Edith tienen ambos veintitrés años y han estado casados trece meses. Los dos son estudian- tes universitarios y, según sus planes, completarían sus estudios al cabo de dos años más. Hasta ahora no han recibido ayuda financiera alguna de parte de sus respectivas familias porque éstas no tienen

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medios suficientes. Carlos y Edith han estado trabajando a fin de cubrir sus necesidades. La novedad del inesperado embarazo de Edith les ha impactado muy negativamente; ninguno de los dos percibe cómo podrían cuidar al bebé en forma adecuada y al mismo tiempo continuar con sus estudios y sus trabajos. Por primera vez consideran seriamente la necesidad del aborto...

Supongamos que Carlos y Edith le pidieran orientación a usted, ¿cómo aconsejaría a esta pa- reja? ¿Cómo justificaría su punto de vista?

Como podemos observar estos seis casos tienen obviamente en común el hecho de que los embara- zos respectivos y los hijos en gestación son indesea- dos por una variedad de motivos. En todas aquellas situaciones ilustradas se considera la posibilidad del aborto por distintas causas y también a la luz de circunstancias diferentes. Para Mabel se trataría de un aborto terapéutico, debido a que está en juego la salud física y emocional, y quizá la vida misma de la niña; además, el padrastro de Maribel claramente cometió incesto y violación, lo cual de por se acepta a menudo como posible causal de aborto (por ejemplo en aquellos países en que el aborto está legalizado o por lo menos “despenalizado”). En el caso de Gladys se puede alegar que corresponde- ría también al caso de aborto terapéutico en la medida en que su depresión se diagnosticara como un serio riesgo emocional y que el embarazo de alguna forma aumentara peligrosamente tal riesgo.

Las situaciones que enfrentan Lidia, Carlos y Edith se parecen en que el aborto en ambos casos funcionaría como una medida de control de la natalidad frente a embarazos no planeados. Por su parte, con el apoyo de su esposo Joaquín, Susana contempla el llamado aborto eugenésico, es decir el aborto provocado para evitar que nazca un ser

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humano con serios defectos físicos o mentales. Por último, el caso de María Rosa es como el de muchas adolescentes sorprendidas con la realidad de un embarazo debido a la falta de orientación sexual y cuyo conflicto principal incluye temores, confusión y sentimientos de vergúenza y de culpabilidad.

Hemos pasado así rápida revista a las causas principales que llevan a pensar en la opción del aborto en la situación de mujeres solteras, parejas con muchos hijos o que no desean tener hijos, mujeres violadas o víctimas de incesto, y aquellas que llevan en su seno a criaturas anormales y deformes.

A los seis casos considerados podemos añadir también la presión de la sociedad o del Estado para limitar los nacimientos en virtud de la llamada “explosión demográfica” que se diagnostica en varias zonas del continente americano. Así es como el aumento poblacional se considera una amenaza para la supervivencia o el desarrollo económico en ciertos países. Aquí se trata de la promoción más o menos oficial del aborto como medio de control de la natalidad, con frecuencia junto a los programas de planificación familiar, distribución de técnicas anticonceptivas, y la esterilización voluntaria y aun involuntaria.

No caben dudas de que estamos ante un proble- ma muy complejo. El aborto incluye una cantidad de variables de tipo biológico y médico, socio- demográfico y económico, psicológico, moral y espiritual. Se trata casi siempre de un serio dilema humano que trae aparejados angustia y dolor. En las páginas siguientes continuaremos haciendo referencia a las distintas facetas de la problemática del aborto, reconociendo que la cuestión que está en el mismo centro de los debates sobre el tema es la del status del feto. Una serie de preguntas iluminan de inmediato la importancia de esta

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cuestión: ¿Es sólo al principio un paquete de células sin significado humano y sin posibilidad de sobrevivir fuera de la madre? ¿Tiene un hijo el derecho fundamental a la vida desde el comienzo de su existencia como ser en gestación? ¿Debe el feto disfrutar del amparo de la ley tal y como lo tiene un recién nacido? ¿Cuándo es que podemos hablar de nuestros hijos como “personas”?

Si tuviésemos respuestas claras y absolutas a estas preguntas y pudieramos establecer sin lugar a dudas la personalidad del feto, posiblemente se acabaría el debate sobre el aborto. Sin embargo, la humanidad no tiene claras la mayoría de las res- puestas y así es como la discusión sigue muy viva. Biólogos y médicos, juristas, psicólogos y teólogos no se ponen totalmente de acuerdo, aun cuando reconocemos que hay personas serias, inteligentes, honestas y sensibles, a ambos lados del debate a favor y en contra del aborto.

Por nuestra parte, proponemos continuar el diálo- go considerando la perspectiva de la ciencia en relación con una pregunta clave y previa a las que se mencionan en el párrafo anterior. Tal pregunta es: ¿Cuándo comienza la vida de un ser humano? A la respuesta correspondiente nos abocaremos en el capítulo siguiente.

2. ¿Cuándo comienza la vida de un ser humano?

En este libro deseamos establecer claramente el principio de la santidad de la vida. Nuestra posición es que, desde el momento mismo en que se origina una vida humana, allí comienza también la respon- sabilidad y el deber de respetar y de cuidar esa vida como tal. Por eso que resulta de la mayor importan- cia responder claramente a la pregunta del título del presente capítulo.

Cuando nace un niño nadie se atreve a dudar del hecho de que se trata de una vida humana, ni siquiera en el penoso caso de la presencia de horribles deformaciones y defectos. De hecho, a pesar de que el bebé no razona, no habla, y depende incondicionalmente del cuidado materno, lo consi- deramos una persona humana en formación y desarrollo. El Estado, por su parte, lo registra como ciudadano, incluyendo una serie de derechos que le corresponden y una variedad de responsabilidades por parte de las personas a cargo del niño, ya sean sus padres biológicos, padres adoptivos, u otras personas.

El proceso de desarrollo y crecimiento de un nuevo ser se inicia en el preciso momento en que

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un espermatozoide del padre penetra un óvulo materno el cual así resulta fecundado. Durante nueve meses de embarazo, la madre lleva esa criatura en gestación en el ambiente ideal del útero. Aproximadamente a las tres semanas puede detec- tarse el latido del corazón; a las seis semanas se pueden comenzar a registrar ciertas actividades del cerebro; y para los cinco meses de gestación el feto ya presenta todas las formas características de un niñito. A la pregunta, ¿en qué preciso momento de ese período de nueve meses dio comienzo la vida humana de tal criatura?, no podemos sino res- ponder que desde el inicio mismo del proceso de desarrollo, con la fecundación y la concepción, o sea cuando se ha engendrado al nuevo ser a partir de la unión del óvulo y el espermatozoide (células también llamadas gametos femenino y masculino, respectivamente). Por eso en este capítulo nos conviene repasar y clarificar en forma breve y sencilla las principales observaciones científicas sobre este tema, comenzando con la siguiente

referencia ilustrativa.

Analogía de la planta y la semilla

El reino vegetal nos brinda un punto de compara- ción interesante para comprender aún mejor los comentarios introductorios anteriores. Por ejemplo, podemos preguntarnos cómo se determina científi- camente en qué momento una semilla debe consi- derarse como planta: ¿desde el momento en que empieza a germinar o cuando aparece sobre la superficie de la tierra ya configurada como una pequeña planta? De hecho, podemos preguntar también: ¿Qué le da la tierra a una semilla de maíz, supongamos, para que nazca la planta y produzca luego el tallo, las hojas y la mazorca? Es claro que la tierra sólo le brinda el ambiente favorable y los

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alimentos necesarios para el desarrollo y el creci- miento. Es en la semilla en donde sabemos que están presentes, maravillosamente de algún modo, el tallo, las hojas y la mazorca de la planta de maíz. En este sentido, la tierra no le añade absolutamente nada a aquella semilla y no hace ninguna diferencia el hecho de que no podamos apreciar a simple vista el rico potencial de la semilla como tal. Notemos, además, el hecho obvio de que en la misma tierra donde se siembra el maíz, se pueden sembrar también otras semillas —el trigo, por ejemplo— de las que nacerán las plantas correspondientes.

Continuando con la analogía podemos señalar que la mujer cumple para el óvulo fecundado una función similar a la de la “madre tierra” para con la semilla de maíz, trigo, o lo que fuere. Ambiente adecuado y alimentación esencial para su nutrición y crecimiento es lo que provee al germen que luego pasa a ser embrión y después feto, a través de los nueve meses de vida intrauterina. Desde el punto de vista biológico y genético en particular, podría- mos decir que la madre no le añade nada al nuevo óvulo fecundado y a la constitución del nuevo ser humano en formación. Claro está, sin embargo, que entre la madre humana y la “madre tierra” hay una diferencia fundamental más allá de la analogía que hemos establecido: mientras que la tierra no produ- ce la semilla, la mujer misma —junto con el hombre— contribuye a producir esa semilla o germen de ser humano que es el óvulo fecundado. Por eso, precisamente, hablamos de procreación. Así comienza un proceso de gestación cuyas fases evolutivas hoy día podemos describir y apreciar sin mayores dificultades,

Las fases del proceso de gestación

Con el auxilio de la ciencia establecemos que la vida humana en verdad comienza en el momento

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en que el ser humano es engendrado, y acaba temporalmente en el momento de la muerte. (Es interesante notar de paso que, aunque todavía se discute en algunos casos cuándo es que ocurre efectivamente la muerte de un ser humano, ya no caben dudas sobre el inicio de la vida de un hombre o una mujer, al menos en las condiciones norma- les.) Nuestro interés especial en el problema del aborto inducido o provocado requiere que preste- mos atención a las observaciones y explicaciones provenientes de varios campos como los de la bioquímica y la biología humana, la obstetricia y la ginecología, la genética y la embriología, la neona- tología y la psicología.

Desde su concepción hasta su muerte, el ser humano transita por una serie de etapas propias y características de la especie humana. Tal evolución ocurre a través de diversos condicionamientos y necesidades. Así es como, mientras permanecemos en el seno materno, necesitamos de la sangre portadora de todo lo necesario para la vida y el crecimiento a través de la placenta. Más adelante nos hará falta, junto con el alimento físico, una variedad de nutrientes emocionales y espirituales para satisfacer la necesidad más importante que es la de ser amado y amar, en sus múltiples manifesta- ciones en el correr de los años.

Cada uno de nosotros es un ser humano único e irrepetible, distinto de todas las demás personas que existieron antes o que viven hoy o vivirán en el futuro. Y cada uno de nosotros es, básicamente, el mismo hombre o la misma mujer que ha crecido y se ha desarrollado como germen, embrión y feto; niño, adolescente y joven; adulto y anciano. Desde el momento cuando comenzamos a vivir somos auténticos seres humanos, sea cual fuere el grado de evolución o madurez en que nos encontremos en el ciclo de la vida humana.

¿Cuándo comienza la vida de un ser humano? 23

Los argumentos de la ciencia son contundentes en el sentido de determinar que nuestra vida humana comienza en el momento de la concepción, aunque, claro está, esa nueva vida presenta carac- terísticas diferentes en cada una de sus fases de desarrollo. En otras palabras, no se puede encontrar ningún punto o etapa en el tiempo transcurrido entre la concepción y el nacimiento de un niño cuando se pudiera determinar que esa vida no es humana. Los cambios que se producen entre la implantación del óvulo fecundado en el útero, el embrión, el feto y el niño recién nacido, correspon- den más bien a la sucesión de etapas de crecimien- to y maduración que son exclusivas de la especie humana. Consideremos, pues, una síntesis de los datos biológicos relevantes para la discusión en torno a la problemática del aborto inducido o provocado, la cual nos permite distinguir tres fases bien definidas en el mundo maravilloso de la vida intrauterina.

La primera fase es la del germen, a partir de la fecundación o sea la unión del óvulo y el espermato- zoide, los cuales, al fundirse, originan la célula germinal también llamada zigoto. Esta es la prime- ra Célula de la vida humana o, mejor dicho aún, es una vida humana o un ser humano de una sola célula. Con la célula germinal iniciamos el ciclo de vida de nuestra especie el cual sólo se interrumpe con la muerte. De modo que esa primera célula es ya un nuevo ser, una nueva realidad biológica única e irrepetible como la vida y la personalidad de todos y cualquiera de nosotros. La razón biológica princi- pal de que se trata de un nuevo ser humano es que la célula germinal o zigoto presenta una combina- ción genética peculiar según explicamos un poco más adelante.

La segunda fase de la vida intrauterina es la del embrión y cubre desde la tercera hasta la octava

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semana de vida. Durante esta etapa del desarrollo humano van evolucionando gradualmente los órga- nos y las formas externas del organismo de la criatura. Así, por ejemplo, entre la séptima y octava semanas ya se puede apreciar el comienzo del cráneo, las orejas y los ojos, el cuerpo con su sistema digestivo, corazón y sistema circulatorio, los brazos y las piernas, y los dedos de los pies.

La tercera fase corresponde al desarrollo del feto propiamente dicho y cubre desde la octava semana de vida hasta el nacimiento, nueve meses después de la fecundación. Durante esta última fase se completa el proceso de gestación que normalmente prepara a la criatura para el nacimiento y la vida como organismo autónomo fuera del ambiente uterino. La diferencia entre el feto, incluso a partir del segundo mes, y el niño recién nacido es más bien de tipo cuantitativo, y esa diferencia va dismi- nuyendo progresivamente, a medida que transcu- rren las semanas de gestación. O sea que no existen diferencias cualitativas ni siquiera en cuanto a la forma del cuerpo o la estructura del organismo, el ser humano que es el feto ya puede percibirse y apreciarse directamente como tal.

La herencia y el equipo genético

Lo que acabamos de destacar, en el sentido de que no hay un verdadero salto cualitativo o una diferencia esencial entre la fase del feto y el bebé recién nacido, en realidad corresponde también a los períodos más tempranos del proceso de gesta- ción. En la fase del embrión ya está esbozada la forma y las características propias del niño, aunque de manera rudimentaria por cierto. Además, el germen o la célula zigoto pertenece a la especie humana desde la fecundación en virtud de su origen, su composición y su destino, y su auto-

¿Cuándo comienza la vida de un ser humano? 25

nomía biológica (es decir, como ya vimos), nada se le añade fuera del ambiente adecuado del útero y de los alimentos para que crezca y se desarrolle. Aun podríamos decir que desde aquel primer instante de vida humana quedan predeterminados por heren- cia (es decir, por vía génetica) muchos rasgos que caracterizan eventualmente a esa persona a lo largo de su vida. La explicación de este fenómeno tan interesante podemos resumirla sencillamente con una breve referencia a la contribución de la biología humana y la genética en especial.

Todos los seres vivientes estamos compuestos por innumerables partes microscópicas que se llaman células (y las células forman los tejidos y éstos los distintos órganos, etc.). Las células a su vez llevan en su interior unas partículas muy diminutas que se conocen con el nombre de cromosomas. Ahora bien, a cada especie de seres vivientes le correspon- de un cierto número de cromosomas en cada una de sus células, y para nosotros, los seres humanos, el número característico de cromosomas es de cuarenta y seis.

Ya nos referimos al hecho de que cuando el óvulo y el espermatozoide se juntan en el proceso de la fecundación, estas gametas femenina y masculina dan origen a la célula germinal o zigoto. Lo interesante de destacar ahora es que el zigoto es una sola célula con sus correspondientes cuarenta y seis cromosomas. Con la contribución peculiar por la línea materna y la línea paterna, así es como ya quedan establecidas una variedad de caracterís- ticas tales como el sexo y el color de la piel y el cabello, y rasgos tan mínimos como la forma de las uñas y las huellas digitales. Todos estos elementos y muchísimos más están determinados en lo que se llama el código genético (de genes, partículas de los cromosomas por los que se transmiten los rasgos hereditarios). Este código genético está contenido

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en los cuarenta y seis cromosomas de aquella primera célula, como si se tratase de una micro- computadora que ha sido programada en forma maravillosa y aun misteriosa. De lo que no pueden caber dudas, en cualquier caso, es que la nueva vida en gestación, ya desde la célula germinal, está dotada de un equipo genético que es íntegramente humano, producto de la procreación y expresión de la herencia que transmitimos a nuestros hijos.

En conclusión

Es evidente para nosotros que el aborto, aun en la primera fase del proceso de gestación, consiste. en la cancelación o supresión violenta del curso de desarrollo de una vida humana con todas sus potencialidades de crecimiento y maduración. La ciencia nos ofrece una base muy sólida para afirmar el carácter humano de la vida del germen, el embrión y el feto. Reiteramos entonces que el óvulo fecundado es un ser humano que posee en princi- pio las condiciones necesarias para desarrollarse y llegar a ser una persona adulta, a menos que surjan obstáculos que impidan su proceso natural. Por lo tanto, podemos destacar también que si se afirma el respeto a la santidad de la vida, tal respeto se ha de extender hasta el momento mismo de la concep- ción.

Nadie puede negar, por lo tanto, que el aborto inducido o provocado es la interrupción violenta del proceso vital humano ya comenzado con la fecun- dación. (Notemos de paso que lo más común, es hablar de “interrupción del embarazo”, lo cual es sólo parcialmente cierto; lo que también y primor- dialmente se interrumpe es la vida del ser humano que se está gestando en la condición del embarazo de su madre.)

Independientemente de los medios o los instru- mentos utilizados para interferir en el proceso